VALDÉS, AL BORDE DEL ABISMO

El inquilino de la portería del F.C. Barcelona de los últimos años ha sido un portero muy querido o muy odiado, casi a partes iguales. Mientras que unos han defendido con todas sus fuerzas al de Hospitalet argumentando sus paradas y fortaleza mental ante las críticas, sus detractores no han dejado de usar sus pifias y aspecto de cierta chulería para atacar al portero. Hoy, en mi debut en Trouro.com, a quien agradezco la oportunidad de invitarme a su proyecto, trataremos de examinar su trayectoria y evolución para mantenerse bajo los palos de uno de los equipos dominadores del fútbol europeo en los últimos años.

HISTORIA

Víctor, tras un periplo anterior, se queda definitivamente en el fútbol base blaugrana en 1995; precisamente, el mismo año llega al club Pepe Reina, compañero de quinta de Valdés y que estuvo un peldaño por delante del catalán en el ascenso al primer equipo. Reina debuta oficialmente en el Barcelona a finales del año 2000, cuando Víctor daba sus primeros pasos en el filial. La marcha de Reina al Villarreal, en unos años convulsos a nivel deportivo y donde desfilaban por el club fichajes como Dutruel o Bonano, benefició a Víctor. Así, cuando Reina sale en el verano de 2002 se le abre la nueva perspectiva a Valdés, a la sazón guardameta titular del Barcelona B.

La temporada 2002-03 fue agridulce para Víctor. La llegada de Louis Van Gaal, acérrimo defensor de la cantera, trae al primer equipo a una serie de jugadores de las categorías inferiores, y sorprende dando la titularidad habitual a jóvenes como Fernando Navarro, Thiago Motta o Víctor Valdés. Por lo poco que se podían seguir las categorías inferiores del Barcelona por aquel entonces a 600 kilómetros de distancia, era un portero con buena planta, una agilidad enorme y grandes reflejos. Pese a sus actuaciones notables en su debut, los resultados no acompañaban, y cuando Van Gaal dejó de contar con él, se negó a volver al filial y estuvo algunos días ausente de sus tareas como profesional.

Una impresión personal es que de no haber cesado el club al entrenador holandés, Víctor lo habría tenido muy difícil para asentarse. Sin embargo, la llegada de Radomir Antic le devuelve a la titularidad en varios partidos a final de temporada, donde los buenos resultados y las paradas de Valdés ayudan a un equipo en depresión a terminar el año en puestos europeos y acometer un proceso electoral clave para el futuro.

La llegada de la nueva cúpula al frente del club encabezada por Joan Laporta en 2003 trae bajo el brazo al portero de moda en el momento tras su gran Mundial 2002, el turco Rüstü Reçber. Con 30 años, llegaba al club en una edad óptima para dar un par de temporadas al máximo nivel y que después Víctor tomase su relevo (Jorquera ascendió como tercer portero del primer equipo, pero tras sus cesiones ya se le presuponía un papel secundario); sin embargo, un par de malas actuaciones y su condición de extracomunitario lastraron el futuro del guardameta otomano en el club, además de la gran temporada que hizo Valdés. A Víctor se le achacaba cierta precipitación en las salidas, lo que le llevaba a cometer penalties innecesarios.

Pero el gran juego del equipo en la segunda vuelta, donde remontaron dieciocho puntos al Real Madrid y casi alcanzaron al Valencia, hizo que se confiase a Víctor la portería del proyecto a largo plazo, proyecto que culminaría los dos años siguientes con dos campeonatos ligueros y la Champions League en 2006 en París.

En cualquier caso, no fueron años fáciles para el portero catalán. No puedo negar que yo he sido uno de sus mayores detractores en esa época, donde el equipo tenía un jugador de los mejores del mundo en cada posición y el portero hacía perder más puntos de los que hacía ganar. Es cierto que con un equipo tan bueno te llegan en contadas ocasiones, pero, como posteriormente ocurriría en el año 2008, siempre se tenía la sensación de que nos harían un gol en la primera llegada. Además, fallos sonados como una eliminación del Liverpool en la que un clamoroso error de cálculo en la línea condicionó la eliminatoria, pases al pie de Villa para que marcase a placer y otros hacían que el portero fuera continuamente discutido. Únicamente la confianza de Rijkaard, la complacencia del club de dar competencia a todas las posiciones menos a la portería y la, por qué no decirlo, fortaleza mental de Víctor hicieron que no se moviese de los palos.

El resto de la historia está demasiado reciente como para ahondar en detalles. Tras un malo 2008, que acabó con la desintegración de un equipo histórico en verano, se siguió confiando en Valdés. Un comienzo de Liga horroroso parecía darnos la razón a quienes pedíamos el cambio bajo palos, pero el año que está cerca de terminar ha servido para ver la mayor evolución del arquero desde que comenzase su carrera. Una evolución que será analizada a partir de los puntos de Víctor que se considerarían más mejorables.


EVOLUCIÓN

A riesgo de utilizar demasiado la primera persona, para mi equipo siempre me han gustado los porteros más sobrios que “palomiteros”. Dicho esto en general, ¿qué se le pide a un portero y considero que le ha faltado a Víctor Valdés?

-Que te dé lo que pueda darte, pero ha de quitarte lo menos posible. Es decir, regularidad. Alguien tan específico, tan importante y tan decisivo en un deporte no puede ofrecerte una actuación de sobresaliente y la siguiente de suspenso. De ello ha adolecido Víctor en gran parte de su carrera, aunque hay que reconocer que en la última temporada ha adquirido un importante grado de solidez, simplemente con una reducción de errores evitables.

Jerarquía. Y no jerarquía bajo palos únicamente; el portero moderno, desde que a primeros de los noventa les impiden coger con la mano una cesión, debe mandar en la mayor cantidad de terreno posible y ser bueno con los pies. El primer portero moderno, Molina, fue el jugador más importante en el Atlético de 1996 por la cantidad de terreno que ganaba a los rivales y lo que ello permitía al resto del equipo. A la par, Van der Sar, tan decisivo en el primoroso Ajax de mediados de los 90 como cualquiera de sus jugadores. Así pues, un cancerbero moderno tiene que salir a los balones largos del rival, y más en un club con tanta posesión del balón.

Esto se ha acentuado con la pérdida de protagonismo que Guardiola quiere dar a Puyol. La idea de jugar con dos centrales de gran salida de la pelota (Piqué, Márquez o Chygrynskiy), y la consecuente eliminación del zaguero marcador exige al portero mucha rapidez, estar al borde del área y barrer muchos balones. Esto, que Víctor nunca lo ha hecho bien durante su carrera, es su mayor mejora durante el año natural en que estamos. La diferencia con Reina, un portero con el que a día de hoy podríamos hacer una justa comparación, siempre fue muy grande a favor del madrileño en este aspecto: muy superior en juego con el pie y en comunicación con los defensas, además de jugar más adelantado. El hueco se ha reducido considerablemente.

La concentración, materializada en un deficiente cálculo de las distancias. Otro punto débil de Víctor que ha ido encauzando con la experiencia, aunque a día de hoy consideraría que es lo que más debería mejorar para ser visto como parte de la elite en su puesto. Aunque es difícil de explicar, un ejemplo es lo que mejor lo ilustra: octavos de final de la pasada Champions League, partido ante el Olympique de Lyon. Una mala colocación y la falta de ubicación de la portería a las espaldas provocan un gol directo de una falta lateral, que nunca puede entrar directa por muy bien tirada que esté. Esos fallos de consciencia de su colocación, o de tomar mal las referencias del balón-portería, es el punto clave de mejora: pueden no ser muy espectaculares como una cantada, pero a la hora práctica quitan más puntos a lo largo de un año de fútbol.

FUTURO

Con 27 años, una edad óptima para un portero porque siempre se aprende de cada partido y las condiciones físicas permanecen intactas unos cinco años más, Víctor Valdés parece consolidado como portero del Barcelona para unos cuantos años. Su competencia directa en la plantilla es Pinto, portero de perfil bajo para un grande, veterano y buen compañero al tener su rol asumido. En las categorías inferiores, no parecen que los veinteañeros Miño y Oier, principales representantes del filial, vayan a ofrecer unas prestaciones de equipo grande. El primero, reciente internacional sub-21, ha tenido una buena evolución en los últimos años, tiene un buen juego de pies y es muy ágil. Le falta algo de contundencia en el juego aéreo, al ser demasiado delgado. Su compañero Oier, fichado hace dos años con gran ilusión del Real Unión de Irún, no ha cumplido las expectativas. Su envidiable planta y buena coordinación se han visto lastradas por un escaso nivel de confianza y cuestionable toma de decisiones sobre el campo. Así pues, no hay competencia inmediata en la Masía.

Si Víctor sigue mejorando, sus detractores serán menores cada vez. A su fortaleza mental ha ayudado que sea canterano y catalán, algo que le ha valido grandes apoyos desde la Junta Directiva, Secretaría Técnica y el entorno barcelonista, cuya prensa ha minimizado sus fallos y encumbrado sus buenas actuaciones. No parece, por tanto, que vaya a plantearse un relevo, dada además la poca competencia que ha ido teniendo durante los últimos años (Jorquera y Pinto). Además, el hecho de no aprovechar una magnífica oportunidad de mercado como Sergio Asenjo, uno de los mejores porteros del mundo en tres años, y la renovación del jugador hace pocos meses parece decantar la política del club hacia mantener a Valdés en la portería por largo tiempo. Por tanto, sólo queda desear que mejore.

¿La espina de la internacionalidad? Creo que por trayectoria la tiene merecida, pero en lo que continúe Iker Casillas, perenne arquero de “la roja, y otros como Reina o Diego López, a un nivel similar que Víctor Valdés, no se podrá decir que es totalmente injusto. Y ojo, que viene el citado Asenjo.