¡Al loro! ¿No estamos tan mal?

Todas las alarmas encendidas con la trayectoria del Barcelona Lassa de balonmano en la actual EHF Champions League. No peligra pasar a la siguiente ronda, por ahora, pero es prácticamente imposible ser primeros de grupo y el segundo puesto no será fácil. Las derrotas en dos de los últimos tres partidos a domicilio ante Pick Szeged y Nantes, ambos considerablemente inferiores, han dejado a los de Xavi Pascual con un muy escaso margen de error.

Como nos temíamos hace unas semanas en estas líneas, la baja de Jure Dolenec está suponiendo un problema grave para el Barça. Dika Mem está cumpliendo con creces siendo el único zurdo del equipo en la primera línea y sigue quemando etapas a gran velocidad para convertirse en la brutal súper estrella que todo el mundo ve en él, pero el talentoso esloveno es una baja muy sensible que resta calidad, recursos y creatividad a esa primera línea, y que obliga al recién llegado Aron Palmarsson a adaptarse a marchas forzadas, sin pretemporada y teniendo muchos más minutos de los deseables desde que se bajó del avión.

El equipo no está nada bien y sólo ha ganado uno de los últimos cuatro duelos en competición europea. El seguir arrollando en la Liga ASOBAL puede que no haga ningún favor, paradójicamente, ya que no permite evaluar la profundidad y el momento de una plantilla con un potencial descomunal, a pesar del empate de ayer en Guadalajara a 26 que rompió la racha de 133 triunfos en Liga y 172 en competiciones nacionales. Y es que hay que tener en cuenta un dato; el Rhein Neckar Löwe arrancó en el Palau un meritorio empate hace unas semanas menos de 24 horas después de haber jugado un partido de la Bundesliga, la competición nacional más exigente del globo. Un empate, por cierto, que permitía a los alemanes seguir por delante del Barça en el grupo de Champions League. Tal y como están las cosas, cuesta imaginarse al Barcelona hacer algo así.

En Europa hay plantillas de más de 20 jugadores para afrontar este tipo de situaciones y los culés se ven exonerados de ello por tener un calendario ligeramente más amable y una competición considerablemente menos exigente. Y quizá no sea necesario tener tal saturación en la plantilla, pero es de justicia preguntarse si se debería haber tomado mejor nota de en qué posiciones y perfiles el Barcelona iba poco más que con lo puesto.

Pese a todo ello, la situación ahora mismo es la que es, el club no fichará y el calendario que le queda al Barcelona en Champions antes de los cruces de octavos, que con toda probabilidad deberá afrontar puesto que no va a quedar primero de grupo, es asequible. Toca trabajar para recuperar la dinámica y también ganar entrenamientos con Palmarsson, en particular si no va con su selección al Europeo de enero. Justo después de la cita de selecciones el Vardar visitará el Palau en lo que es el partido más duro que por ahora les queda a los de Xavi Pascual.

Hay que pensar que hay espacio para el optimismo, tener que disputar la ronda de octavos no tiene por qué ser malo, obligará a los jugadores azulgranas a seguir enchufados, sin grandes pausas de exigencia, cosa que no está nada garantizada sólo con las competiciones nacionales, y eso es algo que puede llevar al equipo a trabajar mejor y más duro, y mejorar más a lo largo de la temporada. Hay tiempo para ganar esta Champions League.