Flota como una mariposa, pica como una abeja. Cambiaríamos la famosa frase de Muhammad Ali, abeja por mosquito y ya tendríamos una definición cercana de lo que es el extraordinario jugador francés del Barça.

Estoy seguro que dentro de diez años existirán miles de artículos sobre el jugador, porque ya será una realidad palpable para cualquier aficionado al fútbol, ahora parece más potencial que certeza, sin embargo quizá nos estemos equivocando al verlo así.

Que Ousmane es un jugador especial lo vemos todos, que es un futbolista que llegará al pódium de los elegidos, también lo empezamos a distinguir ya unos pocos.

Es difícil encontrar un futbolista similar al francés en todo el panorama internacional. Dribla con ambas piernas y sin embargo no es un jugador de banda o, especifiquemos, no es solo un jugador de banda. Cuando sale desde el banco, revoluciona los partidos y, sin embargo, no es un jugador revulsivo.

Entonces, ¿quién es a día de hoy Ousmane Dembélé? Difícil pregunta si además lo encuadramos en el ecosistema azulgrana, donde el jugador una vez teñido de las líneas verticales del equipo, se suele convertir en un futbolista distinto, para bien o para mal, del jugador que aterrizó en el Camp Nou.

Cuando Dembélé defendía la elástica borusser su implicación en el juego era brutal, más que ser un jugador de banda era ese “diez” que lo pega todo; el mediapunta que aceleraba el juego y ejecutaba ese último pase. En el Barça su juego debe variar hasta ser esa “banda” del 4-3-3 que ayuda tanto a abrir el ataque pisando la línea de cal, como a cerrarse el diagonales hacia el área, llenando la zona de remate y dejando espacio al lateral de su lado a la vez. Sin embargo, no sabemos si esa opción capa ligeramente el fútbol del francés o por el contrario, le hace crecer en registros y por tanto en la interpretación del juego.

Alguno dirá que no tiene gol, otros que está a años luz de Neymar, incluso alguno se atreverá a dudar de su capacidad técnica basándose en conducciones fundadas en su extraordinaria velocidad o en algún control largo. Definir a un jugador de, recordemos, veintiuno años por el cortoplacismo; un error en si mismo.

Hay un detalle que nos indica que hablamos de un megacrack no solo en potencia, sino ya en acto; la velocidad a la que ejecuta las acciones. Es sorprendente cómo es capaz de filtrar un pase en plena carrera y desequilibrio recordemos, con ambas piernas, midiéndose con su marca rival. Esto está alcance de muy pocos futbolistas, si exceptuamos al megagenio argentino, pocos más me vienen a la memoria. Es evidente que si estas ejecuciones no las realiza con su cabeza cien por cien centrada en la acción, el movimiento puede derivar en algo grotesco, provocando un vistoso fallo más propio de infantiles que de profesionales. Pero estoy seguro que esta imprecisión se irá haciendo cada vez más complicada de ver, según vaya madurando como futbolista y como persona.

Hoy por hoy muchos siguen teniendo dudas de donde llegará y si las lesiones, algo que hasta ahora no habían acompañado al Mosquito en su periplo alemán, le dejarán de lastrar más pronto que tarde. Al final es un poco el movimiento natural de Ousmane; a medida que vaya conociéndose mejor, madurando, sus lesiones y todos los aspectos “negativos” de su juego, irán desapareciendo de manera natural. Los que no tenemos dudas, ya sabemos que estamos ante uno de los elegidos. No es tanto si el sistema de Valverde o cualquiera de los que sean sus entrenadores en su carrera en can Barça, tienen hueco para el once, será más bien hacer sistemas donde el once tenga cabida. De momento Leo le ha acogido muy bien en su seno, y el genio sabe un poco de esto…