Todo aquel que haya golpeado un balón, subido las medias o esperado su turno en el banquillo una fría tarde de domingo invernal, sabe cuál era la posición de su amigo el malo. Aquel que, con mucho interés, acudía puntual a entrenamientos y partidos con más actitud que talento.

“¿Pedro juega contigo? ¿De qué?” “De lateral, ¿de qué va a jugar?”

 

 

 

La imparable evolución del juego ha dejado atrás, al menos en la élite, la cuestión acerca del nivel de los laterales. Jugadores como Alves, Lahm, Filipe, Alaba, Mendy o Marcelo demuestran el volumen de juego que puede acaparar un buen futbolista desde una posición, a priori, tan alejada de la acción principal del fútbol, el gol.

En contexto culé, tomando como referencia la “era Messi” para elaborar nuestra tesis, los laterales han tenido una influencia capital en los éxitos azulgranas. Si durante los primeros años de Leo se fundó la pareja más estética de la historia del fútbol con el lateral derecho, Dani Alves, la transformación del “10” le ha llevado a buscar otro tipo de enlace con el lado izquierdo de Jordi Alba.

Indudablemente nos encontramos ante dos relaciones muy diferentes, tanto en lo técnico como en lo táctico. La recordada unión con el brasileño, basada en el toque corto, la pared y la superioridad técnica (que no numérica) sobre los rivales, difiere mucho de la telepatía con la que Alba y Messi conocen a la perfección los movimientos del otro. El tempo con el que se encuentran constantemente en la llegada de uno por banda y la entrada de otro al punto de penalti ha sido una de las herramientas que ha permitido al Fútbol Club Barcelona dominar el territorio nacional durante la última década.

Curiosamente, la novedosa propuesta de Ernesto Valverde en este arranque de curso, no parece favorecer demasiado esta famosa simbiosis. El 4-3-3 con un Leo más escorado a la banda en el arranque de la jugada y la presencia de Dembelé (ENLACE) intentando dañar la zona entre lateral y central contrario complica -aunque este sea un verbo que Messi desconoce- esta conexión, pese al fantástico encuentro que el lateral catalán firmó antes del parón de selecciones.

Uno de los beneficiados por este nuevo giro de timón del sistema culé puede ser el lateral derecho, ocupado por Sergi Roberto y Nelson Semedo. El canterano ya dejó muy buenas sensaciones en su presentación esta temporada, aprovechando la zona que deja libre Leo para recibir y poner de cara a Rakitic y al propio Leo. Además, es un elemento importante en la salida de balón, ya sea estableciéndose como hombre libre para el golpeo de Ter Stegen, escalonándose más arriba para salir por fuera o rompiendo con sus características conducciones hacia dentro.

Nelsinho, por su parte, no termina de dar ese paso adelante que se le exige para el nivel de titular. Pese a contar con las condiciones físicas y técnicas necesarias para rendir en el puesto, parece no haber absorbido todavía las claves del engranaje blaugrana. Conduce en exceso, realiza jugadas demasiado “fáciles” y desaprovecha líneas de pase sobre Leo. A favor del portugués destaca su velocidad para defender hacia atrás, su fortaleza en el 1v1 defensivo yla incógnita de cómo hubiera sido su final de temporada sin la inoportuna lesión que le alejó mes y medio de los terrenos en el mejor momento del primer Barça de Valverde.

Las cartas están echadas, si la propuesta de Valverde se mantiene en el tiempo, la idea de verles compartiendo banda parece extinta, y si seguimos viendo a Messi iniciando las jugadas cerca de la derecha, Roberto y Semedo deberán convencer, cada uno con sus argumentos, al míster para poder convertirse en el nuevo amigo de Leo.