EL BARÇA PROPONE, EL MADRID DISPONE

Fue el perfecto resumen de lo que va de temporada. El perfecto resumen de dos equipos siderales pero imperfectos, de esos que sangran si les pinchan. El Real llegó hasta el final porque su plan de juego y el impulso de la Décima le dan ventaja sobre cualquier otro conjunto, pero dudó al comienzo porque enfrente estaba la bestia que tantas veces le ha tumbado en este Siglo. Una bestia que hoy intentó volver a lucir como tal. Por eso se adelantó y por eso pudo llevarse el gato al agua, pero su construcción como equipo está en el punto que está, por eso compitiendo el partido estuvo siempre un puntito por debajo. Proponiendo pero no disponiendo. Por eso el 3-1 final.

Siendo conocida la alineación del Real Madrid, y sin la famosa sorpresa que anunció Ancelotti, la gracia la puso Luis Enrique. El asturiano si demostró algo hoy es ser entrenador. Para él Xavi es una molestia, posiblemente más grande que pequeña. Un jugador al que simplificó hasta el mínimo en el primer mes de competición. Pero a su vez es su mejor centrocampista, como también lo fue con Tata y lo fue con Tito. Si quería competir y poder ganar el partido, el de Terrassa tenía que ser de la partida. Y lo fue sentando a Rakitic. La otra novedad fue la inclusión de Luis Suárez. Sorpresón de esos que llenan minutos en los telediarios durante la semana posterior, en el caso del charrúa no lo es tanto: los buenos suman siempre, y más si estás en posición de desventaja. No obstante, ambas novedades en la alineación tuvieron efectos –positivos- que explican el devenir del primer tiempo del Barça.

Los culés en el primer tiempo fueron Xavi Hernández. El 6 personificó en idea, distribución de balón y velocidad de circulación del plan blaugrana. Un plan nada elegido al azar. Los blancos, como quedó patente con los fichajes de pretemporada y como han desarrollado a lo largo de todo lo que va de curso, han virado hacia un conjunto más relacionado con el balón. Sin tener que llegar a porcentajes altos de posesión sí disfrutan con el cuero más que en otras temporadas, pero la contrapartida es que se quedan sin especialistas defensivos en robo y en lectura. Isco y James por esfuerzo y Kroos y Modric por intensidad han ido subsanando esa deficiencia, pero ante un centro del campo como el del líder de la Liga quedaron alejados de la recuperación y desnudos por momentos.

Los de Luis Enrique golpearon en el ego hinchado tras Anfiel del Madrid a partir de las posesiones. Posesiones, largas, masticadas y lentas que justificaron desde el primer momento la inclusión de Busquets y del capitán. Ellos dos junto con Iniesta y Messi participaban en rondos continuos. Rondos inocuos en el plano ofensivo pero muy potentes en el defensivo pues espaciaba el contacto de los merengues con el cuero y cortocircuitaba su plan. Ante tal escenario, el Real quedó atorado por momentos y su doble pivote se volvió directamente gaseoso, pudiendo pulular los visitantes con el balón en esa zona sin peligro de sufrir robo, y metiendo el balón a su espalda sin peajes. Fue una fase redondeada con el premio del gol de Neymar a pase de un Suárez que cayó de pie en un sistema hecho para él. Gol donde por cierto, Carvajal lee mal la jugada y Pepe el engaño del brasileño.

El tanto fue una explosión en el corazón del Madrid quien otra vez sabiéndose mejor que el contrario volvió a verse por detrás en el marcador. Agarró la pelota, implicó a muchos jugadores en la jugada por delante de ella y empezó a encadenar ataques. Ataques donde llegaba a la frontal sin casi problemas porque además el Barça así se lo permitía, más enfocado a defender en zonal que en buscarlo a la presión. Sea como fuere, el local embotelló por momentos a su rival, que tuvo que incrustarse en el área ante la poca ocupación de la misma de su portero. Fue el momento de zafarrancho en el rancho que pudo quedar abortado en alguna de las contras blaugrana. La tuvo Messi en otro centro de un destacadísimo Suárez pero Iker volvió a hacer de Casillas y en esas ya sabes lo que va a pasar en la otra portería.

Allí pululaba un Marcelo inspiradísimo que lo más cerca que estuvo de ser lateral fue ser interior, y al que ni un buen Alves pudo parar. Sus entradas por banda, previstas pero indefendibles acabaron consiguiendo lo que tenían que conseguir: la jugada de gol. Vino por un penalti evitable, pero previsible cuando tienes tanto que achicar y tanta gente metida en el área.

El equilibrio en el marcador tuvo un efecto ídem en el partido volviendo las aguas a su cauce. El Barça volvía a tener el balón para dejar al Madrid tan lejos del marco propio como él estaba del ajeno. Solo el inquietante poderío de los tres de arriba, con una nueva mención especial para un Luisito exquisito en la lectura corriendo por delante de Messi, parecía poder llenar el zurrón de los de la Ciudad Condal. Fue un momento donde quizá se debe hacer un aparte para Mathieu. El francés dio sobriedad a las jugadas –su lenguaje corporal así ayuda- pero les restó improvisación y peligro. Que sea un lateral más fiable que Jordi Alba y que el imponente escenario fuese propicio para él no lo vamos a debatir, pero queda la sensación de que con el lateral de la Selección Española hoy se hubiese sacado más. Repetimos: la espalda del doble pivote del Real Madrid era zona tranquila por donde Messi podía cocinar según quisiera. A esto hay que sumar un Carvajal pendiente de Neymar que muchas veces permitía a Jérémy llegar con tiempo y espacio. Y en este marco, la producción del lateral se quedó en escasa.

Sea como fuere el primer tiempo acabó con tablas en el marcador y sensaciones contrapuestas en el tapete. Los de Lucho habían exhibido una personalidad que quizá no les correspondía ante su rival, pero aun así la impresión era de caminar por el alambre: se jugaba así porque era la única forma de espaciar las jugadas de los de Ancelotti, de defenderse para poder atacar. El peligro estaba ahí, latente, amenazando con saltar a la primera que tuvieran.

Y así fue. Al poco de la reanudación un córner con el que Pepe expió sus innumerables pecados en el primer tiempo puso por delante a su equipo e hizo saltar por los aires al contrario. El planteamiento de Luis Enrique tenía sentido desde la superioridad, incluso desde la igualdad, pero no desde la inferioridad. Fue el momento preciso en el que Cristiano y compañía recordaron quienes eran y saltaron a por lo que tenían en la mano y merecían como suyo.

Antes de eso Xavi dejó su puesto a Rakitic quien justó entro para botar un córner. Que alguien que está posiblemente en el top3 de lanzadores a balón parado de la Liga, decida sacar raso un envío desde la esquina contra Casillas y su defensa es, cuanto menos, sorprendente. Pero así fue y en la contra Iniesta abrió una puerta que no tenía por qué y el partido quedó visto para sentencia.

El 3-1, las sustituciones de Hernández y de Suárez y la lesión de Iniesta hicieron a los culés arrojar la toalla. Los blancos no tuvieron intención de firmar una tregua y si el resultado no fue más abusivo fue debido a la mala lectura de Isco y al sobresaliente trabajo de Mascherano multiplicándose en sus labores de apagafuegos. Estas contras mejor iniciadas que acabadas fueron la tónica habitual en la segunda mitad. Casi siempre posteriores a un ataque culé en la frontal blanca tan lento como inocuo: aunque la portería estaba más cerca el gol seguía estando igual de lejos, y el marcador ya no se movería para ninguno de los dos.

El Clásico, como ocurre en estos casos, enseña más de lo que decide. Los de Chamartín siguen en el nivel de inspiración en el que ya estaban, cerrando su semana fantástica, y los de Luis Enrique continúan en esa fase de crecimiento que se da en todo proyecto que acaba de empezar. Con errores que le condenaron a la derrota, pero también con virtudes que pudieron hacer que el partido cayese de su lado. Sea como fuere, acabado el partido el Barça sigue líder. Y el Real sigue feliz.