Equivocar el camino
es llegar a la nieve
y llegar a la nieve
es pacer durante veinte siglos las hierbas de los cementerios

FEDERICO GARCÍA LORCA

 

Todos los años, a estas alturas del invierno, llega la nieve y nos preguntamos si el Barça que vemos será el de verdad. Hace dos años Tito Vilanova parecía estar creando algo con futuro al colocar a Iniesta de extremo y juntarle con Cesc y Alba en el sector izquierdo del ataque. Así lo resumía EUMD en su magnífico texto “Las tres edades del Barça de Vilanova”:

Con la llegada de Jordi Alba, Vilanova dispone de todas las herramientas para dar una coherencia total a la posición de partida de Iniesta en banda, hasta el punto que aquel conjunto que nació hipertrofiando su perfil derecho y que posteriormente se coronó desde el interior, hoy decanta su juego hacia la izquierda.

El año pasado, con la lesión de Leo Messi, Tata Martino logró potenciar una sociedad dirigida por Cesc y Alexis que parecía recuperar el compromiso colectivo en un equipo que había llegado a depender de forma enfermiza del 10. Trouro resumía así el potencial que, aun lejanamente, insinuaba el equipo del Tata.

Si el míster consigue que Cesc, Alexis y Pedro sean con el 10 lo que ya nos han mostrado sin él, no temo a nada ni nadie.

Tanto el Barça de Tito como el de Martino se marchitaron aunque, desgraciadamente, el Barça “de izquierdas” que parecía construir el primero nunca tuvo la oportunidad de florecer. Hoy, de nuevo, nos encontramos con un equipo que nace, lleno de promesas e interrogantes. Es el Barça de Luis Enrique, un conjunto que ha roto con gran parte de las tradiciones del juego asociativo culé, y cuyo circuito de posesión desmenuzó ayer Jaume Nuñez en un artículo que recomiendo repasar antes de seguir leyendo este texto.

Lo que pretendo es aportar alguna idea que pueda resultar útil para valorar si esta nueva versión invernal del Barça puede ser más sostenible que las anteriores, o si estamos ante otro disfraz coyuntural que solamente oculta los problemas estructurales que hundirán al equipo en el sprint de primavera. No jugaré a adivino; yo no tengo ni idea de lo que va a pasar, y dudo que el análisis del Barça presente nos permita deducir con un mínimo de rigor su incepción de mayo. Todo lo que podemos hacer es rastrear sus mecanismos de funcionamiento colectivo en busca de pistas que nos permitan, en el mejor de los casos, hacer una historia táctica decente. El análisis futbolístico, como las predicciones económicas, tiende a funcionar mejor cuando ya se conocen los resultados.

Decía Jaume Nuñez que “En situaciones con tiempo y espacio, el balón llega al lateral que asociándose con su interior y extremo, son los encargados de hacer avanzar al equipo. Si este camino está vedado, la siguiente opción es el balón diagonal de centrales a banda contraria…”. La descripción es precisa: el mejor Barça de Luis Enrique discurre casi con obsesiva insistencia a través de esos carriles. Observemos las primeras salidas de balón del Barça-Villarreal del domingo 1 de febrero para comprobar qué jugadores -y en qué dirección- aglutinan el peso de la jugada. Me centro en las cadenas de pases de los primeros diez minutos del partido, de absoluto dominio azulgrana.

Primera cadena de pases: Alba-Neymar-Alba-Neymar-Mascherano-Alves-Messi-Alves-Messi: FALTA SOBRE MESSI.

Segunda cadena de pases: Messi-Alves-Rafinha-Alba-Neymar-Suárez: CÓRNER

Tercera cadena de pases: Mascherano-Alba-Iniesta-Neymar-Alba-Mascherano-Alves-Messi-Alves-Messi-Rafinha-Alba-Neymar-Mascherano-Alves EN LARGO A ALVES, BALÓN PERDIDO.

Cuarta cadena de pases: Mascherano-Alba-Iniesta-Neymar-Iniesta-Neymar-Alba-Iniesta-Piqué-Alves-Messi-Alves BALÓN PERDIDO

Quinta cadena de pases: Piqué-Rafinha-Alves-Piqué-Iniesta-Neymar-Iniesta-Alves- PARED CON SUÁREZ FALLIDA

Sexta cadena de pases: Alba-Neymar-Alba-Mascherano-Messi-Mascherano-Alba-Iniesta-Neymar-Alba-Neymar-Iniesta – FUERA DE JUEGO

Supongo que dos cosas llaman la atención de inmediato: el papel dominante de los laterales y el hecho de que Sergio Busquets, el medio centro, no ha intervenido en ninguna de estas cadenas. El papel de los interiores es, predominantemente, ofrecerse para recibir el pase atrás del lateral o del extremo. Sus pases no crean juego, ni baten líneas. Un mapa de calor nos mostraría que el juego del Barça se comba como una herradura, dejando libre toda la zona central del césped. El sistema de Luis Enrique es extremadamente sencillo: sin celadas ni añagazas, sin bascular al rival, lleva el balón a la banda para que Neymar y Messi arrastren rivales. Podríamos denominar a esta rutina, tan simple en su ejecución como en su exposición, el sistema del acordeón. Supongamos que Neymar recibe el balón. De inmediato arranca en vertical y hunde un poco a los contrarios, justo antes de frenarse y avanzar en horizontal, obligando a que los defensores de su lado se cierren hacia la izquierda. Entonces la suelta hacia un central, que de inmediato la lanza al sector contrario. Allí, entre Alves y Leo empujan un poco más al rival, y de nuevo se inicia un movimiento horizontal para obligar a los defensores a cerrarse hacia su derecha. El equipo contrario, incapaz de quitarle el balón a estos cracks, se «arruga» y se estira de nuevo para intentar mantener las marcas.

Sencillo, ¿no? Si nos imaginamos que Messi coge el acordeón por un lado y Neymar por el otro, los defensores se abrirían y cerrarían yendo de uno a otro con la esperanza de evitar que surjan los huecos. Este principio de juego tan rudimentario que se ejecuta, además, sin que la circulación de balón haya creado ningún tipo de ventaja, podría ser fácilmente defendible contra cualquier pareja de extremos del mundo. Pero Messi y Neymar no son cualquier pareja. Por lo general, al Barça le basta con que ambos jugadores participen una vez en la misma cadena de pases para rajar el sistema defensivo rival. Las grietas suelen abrirse en el sector izquierdo, en donde Jordi Alba se está hinchando a recibir asistencias de pre-gol de Messi, y entre central y lateral, donde Luis Suárez acumula oportunidades claras un partido tras otro. Lo fascinante del acordeón de Luis Enrique es que pese a que los receptores de las ventajas de Neymar y Messi están fallándolo todo, el equipo genera tanto peligro que se impone con relativa solvencia. De Jordi Alba no podemos esperar que mejore en su toma de decisiones, pero ya apetece que Luis Suárez comience a tranquilizarse de cara a gol. Puede ser digno de VHS.

En los primeros 20 minutos del Barça-Villarreal, a pesar de la maravillosa jaula defensiva que el Villarreal tendió alrededor de Leo Messi, Jordi Alba y Suárez tuvieron chances para producir  uno o dos goles. Pero hay que notar que la ofensiva blaugrana fue relativamente minimizada. El partido fue un ensayo de élite. A los jugadores visitantes quizá les falte la grandeza de los asiduos de Champions, pero muy pocos equipos van a defender y contragolpear mejor que los chicos de Marcelino. A partir del minuto 20 el empuje de las bandas culés se agotó por pura lógica del juego, Messi centró su posición y el encuentro se inclinó ligeramente del lado castellonense. En los últimos diez minutos el argentino regresó al rol de 7, pero lo cierto es que durante casi toda la primera parte, el Villarreal logró ponerle sordina al acordeón de Luis Enrique.

Y ahora llega la pregunta realmente interesante. ¿Qué hizo el Barça? ¿Qué hace el Barça cuando un sistema defensivo logra problematizar hasta la asfixia su sencilla rutina de juego? Esta es la gran mentira de Luis Enrique. No hace nada. Absolutamente nada. El Barça es un equipo que tiene a Iniesta, Rafinha, Rakitic, Mascherano, Xavi y Busquets. Todos ellos son centrocampistas que, salvando diferencias de nivel, adecuación, edad y momento de forma, están capacitados para aportar calidad y circulación de pelota al medio campo. Son futbolistas que pueden crear ventajas. Pero el Barça no los activa; más bien, los expulsa del cuadro. La cosa quedó en manos de Jordi Alba, que decidió mal todos y cada uno de los balones que recibió, y del pobre Suárez, inmerso en su duro proceso de adaptación.

Repitamos la pregunta que da sentido a este artículo: ¿qué hizo el Barça de Luis Enrique, como equipo, frente al triunfante entramado defensivo del Villarreal? Nada. El sistema del Barça está montado en torno a una mentira fundacional que socava las bases del fútbol, a partir de la suposición de que dos jugadores aislados en banda pueden recibir el balón en desventaja, al pie, y desestabilizar, por puro talento, un sistema defensivo bien organizado que ya sabe exactamente lo que va a pasar.

Consideremos tres jugadas bastante gráficas. Así logró el Barça tumbar la resistencia de un equipo que había logrado igualar el encuentro. La primera tiene como protagonista a Leo Messi.

Messi 1

Dani Alves le ha dejado el balón a Messi y ha arrancado para situarse entre el central y el lateral. 8 jugadores del Villarreal en defensa, 3 de ellos liberados para encerrar al argentino. La disposición táctica, en 2 líneas de 4 que no atisban amenaza en el juego interior, es perfecta.

Messi 2

Suárez se sale de la marca para intentar distraer marcas, pero la defensa del Villarreal sabe lo que tiene que hacer. Messi está solo… y aun así consigue hundir a su particular jaula

Messi 3

El cuadro final resume lo que yo estoy denominando “mentira”. Messi ha tenido que desestabilizar a 3 jugadores para lograr colocarle un centro… a Iniesta, que ataca el área rodeado por otros tres jugadores. Obviamente, esto no podía acabar en gol. El Barça no genera ventajas colectivas. Si volvemos a la primera imagen, queda claro que en esta jugada, antes de Messi, no había absolutamente nada. Y logró fabricar, él solo, una situación de peligro en la que se pudo luchar por el rechace.

Veamos lo que puede hacer Neymar. Las capturas corresponden al inicio del partido pero resultan muy clarificadoras.

Neymar 1

Tres jugadores del Villarreal están cubriendo al brasileño, que tiene a su lado a Alba que, en tal circunstancia, es poco más que un alfil bloqueado. La posición de Luis Suárez es óptima, aunque el centro del área del Villarreal está bien resguardado.

Neymar 2

Asombroso. Neymar consigue hundir a los tres rivales, liberando, además, de marcas a Suárez –listo como un zorro el uruguayo-. Aquí el miedo de los defensores tiene mucho que ver, creo que es evidente. En la continuación de la jugada, Neymar vuelve sobre sus pasos, se la cede a Suárez que ejecuta un reverso de mucho mérito técnico y fuerza el córner.

La última serie me parece casi injusta. Impropia del fútbol. Es la última jugada del primer tiempo, el gol de Neymar tras jugada de Leo y disparo de Rafinha. Comienza así:

Gol 1

8 jugadores del Villarreal contra 3 del Barça. En serio, ahí no hay NADA. El primer tiempo debería haber terminado con 0-1, porque ningún equipo podría aspirar a romper una defensa organizada en un 3 contra 8.

Gol 2

Messi retrocede unos metros, abriéndose un poco para amenazar el pase en profundidad. Intenta colocar a los defensores del modo más conveniente para su carrera. Es fascinante, camina con el balón de manera que los que le rodean hagan lo que él necesita que hagan. Obtiene, por pura inteligencia posicional, las ventajas que su propio equipo no puede brindarle.

Y arranca.

Gol 3

La jugada termina en gol gracias, en gran medida, a que Luis Suárez se las arregla para sujetar a dos centrales. Pero no nos engañemos… no había nada. El Villarreal había conseguido situar a 3 jugadores entre Rafinha y Messi, proteger el punto de penalti con ambos centrales y vigilar a Neymar con el lateral y el interior. La disposición defensiva es perfecta, y ningún equipo debería haber derribado la pared.

Pero fue gol. Y podemos dar por supuesto que va a haber muchos otros goles como este, porque ese gol imposible, esa jugada que no se basa en ventajas colectivas ni en la circulación de balón, está en el repertorio de Messi. Y Neymar comienza a dominarla. El Barça ha juntado a dos jugadores que pueden contar una mentira sin inmutarse y convertir el fútbol en el más injusto de los deportes. ¿Será suficiente? ¿Tiene el Barça margen de mejora colectiva, dando por sentado que algunas individualidades aumentarán su rendimiento? ¿Volveremos a comprobar en primavera, como en años anteriores, que el Barça de febrero no es más que el sueño de una noche de invierno? ¿Puede ser el fútbol tan simple como el funcionamiento de un acordeón? De momento, Luis Enrique tiene un par de ases que dicen que sí. Y yo no me atrevería a apostar en su contra.