LO VIEJO, LO NUEVO, Y EL DE SIEMPRE

Llega el Barça al Clásico envuelto en la paradoja que supone ser el líder incontestable e imbatido del campeonato a pesar de que su juego, sin ser ni mucho menos malo, no sostiene unos números tan impolutos. Puede parecer una crítica, que sin embargo no lo es: Luis Enrique, con buen tino, consideró que era necesario antes que construir, resetear; antes que edificar un nuevo plan de juego, limpiar todas las malas energías que arrastraba la plantilla. Tras un enorme ciclo de 6 temporadas, de las cuales las dos últimas estuvieron abarrotadas de un sinfín de malas noticias deportivas –y extradeportivas-, los jugadores pedían a gritos llenar su corazón de alegría antes que su cabeza de nuevas ideas. Y esto fue lo que hizo Lucho apoyado en los incontestables resultados propios y los favorables resultados ajenos.

El asunto es que ahora llega el partido de la máxima exigencia y las dudas existentes por la no construcción de algo sólido –personificadas en la derrota de París-, están a flor de piel. Esas dudas se concretan en el centro del campo y se personifican en la presencia de Xavi o Rakitic; en ser el Barça de Pep o el Barça de Luis Enrique-. Hay un dicho historiográfico que resume cualquier proceso transicional histórico y que cuadra muy bien con la situación actual del equipo: “cuando lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer”. En esas andan los culés.

La cuestión no es pequeña: de hecho lo cambia todo y definirá qué quiere ser el Barcelona en el Bernabéu. Quien ocupe el interior derecho –posición idiosincrática del conjunto culé desde que Rijkaard adelantó el rol del cerebro- lo resumirá todo. Bien es cierto que el croata por sí mismo no personifica nada: no es discurso ni se le pide serlo. Pero su tratamiento de la posición, más abierta y con menos peso en el juego –a pesar de lo visto en el último partido contra el Ajax- tiene un efecto desencadenante en el equipo. Messi se convierte en el único gestor de la posesión, por lo que se le exige venir a recibir y a pesar más atrás vaciando la zona atacante y dando, junto con el croata, más velocidad en el juego. El Barça se vuelve más vertical porque su interior derecho es un saltapasos que ayuda a que el balón llegue más rápido y en menos toques arriba. Neymar sonríe feliz pero el equipo renuncia al control y se descubre en transición ataque-defensa al haber un obstáculo menos por la posición lateral del ex-sevillista.

Xavi por su parte, es todo lo contrario. Al marcapasos no lo vamos a descubrir ahora: es discurso –con todo lo bueno y lo malo que supone-, ayuda a que el Barça tenga el control del partido, asienta posesiones y hace el juego más pausado. Pero hay un argumento de peso para apostar por su titularidad en el Bernabéu en la zona de jefe del equipo: con él en el césped, Messi no baja. Y eso, visto lo visto, es la carta ganadora de los culés. El argentino tiene que afrontar el partido entre el cuadrado formado por el lateral e interior, pivote y central zurdos del Real. Dicho en otras palabras: tiene que jugar a la espalda de Modric, Kroos e Isco y no ante sus ojos: ahí es donde está el tomate.

El Real Madrid presumiblemente jugará con el 4-4-2 que dispuso en la exhibición de Anfield. Y ahí la principal debilidad a explotar es el hueco tras Toni y Luka, que formarán en doble pivote. Ese es el talón de Aquiles de un equipo que desde el balón apabulla porque va sobrado de gesto técnico y de ideas. Si el Barça exige a Messi jugar retrasado y tiene que saltarse dos líneas atacantes, las probabilidades de éxito se reducen hasta los mínimos porque se aleja al mejor de la zona clave. Es un día para que Leo sea delantero y para que mediatice a los blancos. Todo pasa porque no puedan imponer un discurso que lleva un mes saldándose de goleada en goleada.

Xavi por su relación con la pelota adelanta la influencia de Leo hacia donde tiene que estar, y a su vez mueve a Rakitic hacia donde más daño puede hacer: el interior zurdo. En esta posición, al no definir al equipo, puede ser más libre, soltarse algo más hacia la mediapunta, y lo más importante, relacionarse con Neymar encantado de ver como el balón le llega sin estar tan masticado. Además su importante trabajo defensivo terminaría de agradecerse ante el sector Modric-James. Y de este modo Iniesta estará más liberado para jugar en 3/4, y más alejado de unas responsabilidades defensivas que no son de su agrado. Con esto, los buenos estarán enfocados hacia la pequeña rendija blanca.

La otra opción para el partido es que no juegue Xavi lo que supondría la entrada de Luis Suárez. Y no es ni mucho menos una opción descabellada –siempre hay motivos para justificar que jueguen los mejores y el uruguayo lo es-, pero demarcaría la actual situación de ambos conjuntos. El Real Madrid va a llevar la baraja, poner el tapete y distribuir las cartas. Ante esto, buscar lo más rupturista –el debut de Suárez sumado a la suplencia de Xavi así lo sería-, no suena al peor negocio posible. Si convertir el partido en un cara o cruz, en un ver quien golpea más fuerte siempre suena apetecible con Messi en el campo, con Neymar y Luisito la cosa queda aún más redonda. Además, aunque Leo vería reducido su peligro al tener que atrasarse unos metros, podría quedar compensado con la fijación de los centrales, trabajo, ruptura y capacidad goleadora del charrúa. El asunto es que se reduce el partido a pensar en 11 jugadores y no en 14: que Suárez sea titular es quemar una carta a que suena la flauta del gol en una situación de contrareloj, mientras que su entrada en la última media hora parece un recurso de esos que se conocen como indefendibles.

Estas son las dos principales variantes que puede poner Luis Enrique en liza para asaltar el Bernabéu: parecerse más a lo que quiere ser, o buscar un último canto de cisne del conjunto que fueron durante más de un lustro. Aún hay otras más dudas, como la posición que ocupará Mascherano o donde jugará Mathieu, pero suenan más a cuestiones de matiz que se decantarán hacia qué buscará potenciar el Barça: asegurar la posesión y la salida de balón, o defenderse de las embestidas blancas. O sea, prevenir –o intentar- curar. Teniendo en cuenta que presumiblemente los de Ancelotti tendrán un comportamiento agresivo y hacia delante, pues además es la mejor forma para evitar que luzcan las aún existentes deficiencias de su doble pivote, la respuesta culé parece clara.

Estos son los dos escenarios posibles que tiene el actual líder de la Liga para asaltar el campo del eterno rival. Una situación que ya de por sí es atípica: siempre eran los culés los que iban con la idea clara y los de Chamartín los que presentaban alguna novedad o adaptación para sorprender. El panorama hoy ha cambiado, pero lo que no lo ha hecho es Leo Messi. Su equipo tiene que buscar situar al argentino en la zona dónde él pueda decidir. En la zona dónde hace a unos mejores y a otros peores. Al final, es lo de siempre.